| Presentación
por CLADEM-Paraguay y la Coordinación de Mujeres del Paraguay
(CMP) en la 32º sesión del Comité de la CEDAW
Nueva York, 10 de enero de 2005
Graciela Mendoza (CLADEM) y María Molinas Cabrera (CMP)
PARTE 1: Graciela Mendoza
Gracias Señora
Presidenta por la oportunidad de dirigirnos al Comité sobre
el informe gubernamental del gobierno del Paraguay. Hablo en representación
de CLADEM-Paraguay, que junto con la Coordinación de Mujeres
del Paraguay ha remitido el Informe Sombra de Paraguay, con la adhesión
de otras 25 organizaciones que se sumaron por medio de una consulta
ciudadana. Hemos organizado esta presentación en 4 puntos,
me referiré a los dos primeros y mi compañera de la
Coordinación de Mujeres del Paraguay se referirá a
los puntos 3 y 4.
Nuestra preocupación
especial se centra en dos aspectos que consideramos prioritarios:
1. el incumplimiento
de varias de las recomendaciones ya señaladas en las Observaciones
Finales del Comité respecto al informe inicial y al segundo
informe periódico del Paraguay (CEDAW/C/PAR/1-2 y Add.
1 y 2) realizadas en el año 1996 (véase CEDAW/C/SR.289
y 297).
2. agudización de otros asuntos críticos para la
vida de las mujeres, especialmente las campesinas e indígenas
pobres.
En este marco
puntualizamos 4 problemas que necesitan urgente revisión:
1º) el retroceso institucional y el marcado debilitamiento
de la Secretaría de la Mujer;[1] 2º) la persistencia
de una de las mayores tasas de mortalidad materna de la región
y la elevada muerte de mujeres por abortos por la continuidad de
medidas punitivas ineficaces y discriminatorias en la legislación
penal;[2] 3º) la agudización de la pobreza y desigualdad
en el acceso a la tierra;[3] y 4º) el empeoramiento de las
condiciones de vida de las mujeres indígenas
1º.
Retroceso institucional:
? Hay un retroceso
institucional en general a partir del nuevo gobierno. Constatamos
un marcado debilitamiento de la Secretaría de la Mujer por
conflictos internos, la remoción de personal calificado,
así como por la continuidad de la falta de asignación
de recursos presupuestarios adecuados.
Se ha registrado
un retroceso en la implementación del enfoque de género
en la integralidad del Estado. El mismo informe gubernamental no
menciona la participación de instancias estatales, diferentes
de la Secretaría de la Mujer, en la elaboración del
mismo y en la aplicación de la CEDAW.
Además
las relaciones entre el Estado y la sociedad civil se han deteriorado.
Un ejemplo de esto constituye el hecho de que la sociedad civil
no ha participado en la elaboración del último informe
gubernamental,[4] que sin embargo da la impresión de haber
sido elaborado en forma conjunta por la Secretaría de la
Mujer y el movimiento de mujeres, lo cual no es real.
Sobre este tema
es necesario fortalecer la situación política y los
aspectos económicos y administrativos del mecanismo nacional
en concordancia con el Artículo 7 de la Convención
y la Recomendación General Nº 6.
2º.
Altas tasas de mortalidad materna y de muertes de mujeres pobres
por aborto
Paraguay tiene
una de los mayores índices de mortalidad materna y este sigue
siendo el problema fundamental de las mujeres en edad fértil.
El Estado paraguayo mantiene las medidas punitivas que criminalizan
la práctica del aborto, la que constituye una de las principales
causas de muertes materna (21%).[5] La penalización del aborto
es discriminatoria, afecta la vida de las mujeres pobres y tiene
un claro sesgo sexista.
Esta situación afecta gravemente el cumplimiento de los artículos
2, 12 y 14 de la Convención, por lo que resulta urgente la
derogación de las disposiciones legales punitivas que no
disminuyen la práctica del aborto sino que contribuyen a
un mercado clandestino y riesgoso para la salud de las mujeres.
Esto es necesario para ubicar el aborto como un problema de salud
pública que requiere ser atendido integralmente, incluyendo
medidas de prevención de embarazos no deseados.
En general, el acceso a servicios de atención a la salud
de la mujer, y en particular de la salud sexual y reproductiva,
constituye la esfera de mayor inequidad y un signo de clara exclusión
de las mujeres. Debe darse especial atención a servicios
diferenciados para mujeres adolescentes y jóvenes, y el acceso
universal a anticonceptivos seguros de libre elección. Para
ello resulta urgente y prioritario que el Estado aumente la inversión
en salud con atención específica de estas áreas
críticas para garantizar el derecho a la vida y la salud
de las mujeres en el Paraguay.
PARTE 2: María Molinas Cabrera
Gracias Señora
Presidenta. Hablo en representación de la Coordinación
de Mujeres del Paraguay, continuaré con la presentación
de otras dos áreas críticas de especial preocupación
para las organizaciones aliadas de la sociedad civil paraguaya que
hemos remitido el Informe Sombra.
3º
Pobreza y desigualdad en el acceso a la tierra
La mitad de
la población paraguaya es pobre y existen grupos discriminados
por diversas condiciones. Sin embargo, el sexo, la edad, el idioma
o el origen no siempre se tienen en cuenta para la aplicación
de las políticas, aunque hayan sido considerados en los diagnósticos.
Por ejemplo, el uso del guaraní constituye un factor vinculado
a la exclusión y discriminación, pues el 90% de los
pobres rurales y el 70% de los que se encuentran en la extrema pobreza
urbana hablan sólo guaraní en sus casas.[6] Pero en
el documento de Estrategia Nacional de Reducción de la Pobreza
y la Desigualdad (ENREPD) no se diferencia si hay más hombres
o mujeres monolingües guaraníes, lo que es necesario
para la aplicación de políticas diferenciadas.[7]
El Paraguay
es uno de los países con peor distribución de la riqueza:
el 20% más rico concentra el 62,4% de los ingresos y el 10%
más pobre apenas el 0,7%. También es el país
con la peor distribución de la tierra en el mundo, y según
un estudio reciente[8] las mujeres no llegan ni al 10 % de propiedad
de la tierra.[9]
El Estado paraguayo
no ha implementado políticas públicas eficaces para
promover la incorporación de la perspectiva de género
en la reforma agraria y el acceso de las mujeres a la propiedad
de la tierra, al crédito y al apoyo técnico. Y ante
las demandas sociales ha puesto en práctica políticas
represivas con desalojos violentos, donde las mujeres campesinas
son víctimas de tratos crueles y discriminatorios. Tampoco
ha impulsado medidas especiales para que las mujeres integren instituciones
de reforma agraria y participen en la discusión sobre el
problema de la tierra.
Asimismo, Paraguay
carece de una política de empleo y mantiene elevadas tasas
de desempleo y sub-empleo. Las mujeres enfrentan dificultades derivadas
de la división sexual del trabajo y reciben sólo el
70% del salario de un hombre por el mismo trabajo. Además
se mantiene una discriminación hacia las trabajadoras domésticas,
siendo el único caso en el que la ley establece una jornada
laboral de hasta 12 horas diarias.
En el trabajo
infantil doméstico existe una gran mayoría de niñas
en condiciones de explotación, como las “criadas”, que son
niñas o adolescentes entregadas por sus familias para el
trabajo doméstico en hogares de terceros a cambio de alimentos
y educación. Sobre este aspecto el Paraguay ya fue observado
reiteradas veces por el Comité de Derechos del Niño.[10]
Esto refleja
el incumplimiento de los artículos 1, 2, 4, 11 y 14 de la
Convención. Y resulta prioritario que el Estado del Paraguay
incorpore el enfoque de género en la implementación
de la Estrategia Nacional de Reducción de la Pobreza y la
Desigualdad (ENREPD) con atención específica a la
mujer rural y a la población pobre que habla sólo
guaraní.
Con respecto
al empleo debe eliminarse la discriminación hacia el trabajo
doméstico, garantizar la protección contra cualquier
forma de explotación laboral y desarrollar una política
de empleo sensible al género.
4º.
Empeoramiento de las condiciones de vida de las mujeres indígenas
Los pueblos
indígenas y en especial las mujeres sufren la mayor discriminación
y desigualdad. Sólo el 2,2% puede estudiar, el 2,5% cuenta
con agua potable, y el 9,7% de las viviendas tienen electricidad.[11]
La extrema pobreza ha llevado a las mujeres indígenas a un
desplazamiento forzado hacia los centros urbanos, donde sobreviven
en la mendicidad, inseguridad y expuestas a la trata y la explotación
sexual.
Esta situación
extrema contraviene los artículos 1, 2, 6 y 10 de la Convención.
Debe prestarse especial atención a medidas para reducir la
discriminación en el acceso y la permanencia en la educación.
Se requiere para ello estudios diagnósticos que revelen las
formas de discriminación hacia las mujeres indígenas.
Y es urgente el desarrollo de una política indigenista nacional
que contemple sus derechos en términos de restitución
territorial, salud, educación, respeto cultural, no-discriminación
y participación real.
Notes:
[1] Observaciones finales al Paraguay (1996). CEDAW/C/SR.289 y 297,
veáse parágrafos 122 y 128
[2] Idem. Veáse parágrafos 123 y 131
[3] Idem. Veáse parágrafo 132
[4] Idem. Veáse parágrafo 113
[5] Soto, Clyde, El aborto como causa de muerte en mujeres del Paraguay
2003, Asunción, Centro de Documentación y Estudios
(CDE), 2004
[6] Documento de la Estrategia Nacional de Redución de la
Pobreza y Desigualdad (ENREPD), versión 2002, citado por
Bareiro, Line: Aportes desde la perspectiva de género a la
Estrategia de Reducción de la Pobreza y la Desigualdad en
Paraguay, en Valenzuela, Ma. Elena (edit.): Políticas de
empleo para superar la pobreza Paraguay. Proyecto Género,
Pobreza y Empleo en América Latina, Oficina Regional de la
OIT para América Latina y el Caribe. Santiago, Oficina Internacional
del Trabajo, 2004 (versión web pdf), p.91.
[7] Documento citado en Ibídem, pp. 90-91.
[8] Bareiro, Line y Quintín Riquelme (2004), La lucha no
da derechos, CDE, Asunción (en proceso de edición).
[9] Idem.
[10] CRC/C/15/Add.166, 6 de noviembre del 2001, párr. 47-48;
CRC/15/Add.75, 18 de junio de 1997, párr. 43.
[11] Informe Estado Mundial de la Infancia 2004 de UNICEF.
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